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El ejército y la guerra en el antiguo Egipto

Resulta innegable que desde los primeros tiempos la guerra y la victoria sobre el enemigo está presente en multitud de objetos, escenas de relieves y textos. Todas estas manifestaciones tienen un claro componente ideológico y propagandístico, pues representaban la victoria sobre las fuerzas del caos y al rey como garante del orden.

El ejército y la guerra en el antiguo Egipto

Los enemigos de Egipto

Egipto se encontraba protegido de las amenazas exteriores por una serie de barreras naturales que hizo que no fuese necesario en un principio la construcción de fortalezas.

No fue hasta que Egipto comenzó su expansión hacia otros territorios, en especial hacia Nubia, cuando levantaron las primeras fortalezas.

Durante el Reino Antiguo las menciones a las campañas militares en el exterior, la captura de prisioneros y la consecución de botín son escasas. Es más, no será hasta la V dinastía cuando pueda hablarse del comienzo de una política exterior egipcia, cuando se dieron los primeros contactos comerciales y militares con Nubia y las ciudades-estado de Siria y Palestina.


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En cualquier caso, durante el Reino Antiguo, los enemigos solo podían proceder del Levante o Nubia. Las menciones que se hacen en los textos hacia Nubia siempre son despectivas, siendo necesarias las intervenciones para sofocar las continuas revueltas de pueblos que no aceptaban el dominio egipcio.

Sin embargo, las revueltas nubias no causaron graves trastornos. El verdadero peligro se desarrolló en el Levante con la aparición de diversos estados orientales que amenazaban los intereses de Egipto en la región.

En realidad, durante el Reino Antiguo, Egipto nunca desarrolló una política expansionista, sino que se limitó a defender las rutas comerciales que les proporcionaban productos y riqueza.

En cuanto a las poblaciones de Libia, estas nunca constituyeron una amenaza real para Egipto hasta finales de la XIX dinastía, momento en el que se aliaron con otros pueblos del Mediterráneo, conocidos genéricamente con el nombre de Pueblos del Mar y que acabaron con el sistema dominante en oriente alrededor del 1200 a. C.

Hasta entonces, las acciones militares egipcias en el desierto libio estaban encaminadas a garantizar la seguridad de las caravanas comerciales y las rutas reales.

Los egipcios hacían referencia a sus enemigos con el término “nueve arcos”, un término que englobaba a la totalidad de enemigos que Egipto podía enfrentarse y derrotar. En los textos, estas poblaciones de los “nueve arcos” siempre son numerosas y peligrosas.

En la destrucción de los enemigos fue habitual la utilización de textos de execración, muy habituales durante el Reino Medio, y gracias a los cuales se procedía a representar la derrota del enemigo mediante la destrucción de figuras que lo representaban o de cuencos de cerámica en los que previamente se había escrito el nombre del enemigo y algunas de sus características.

Los principales enemigos a los que tuvo que hacer frente Egipto se encontraban en las fronteras del país. Es por ello que los egipcios disponían de dos términos para la palabra frontera:

  • Tash: Hacía referencia a un límite geográfico real, alcanzado por el hombre o los dioses, y que podía sufrir modificaciones según se conquistaban nuevos territorios.
  • Djer: Hacía referencia a unos límites inmutables.

En muchas ocasiones los límites del territorio controlado por los egipcios se delimitaba mediante estelas fronterizas que tendrían grabada alguna representación del monarca o inscripción.

Al igual que se ha documentado en otras civilizaciones antiguas del Próximo Oriente, la guerra era siempre provocada por alguna acción del enemigo, porque no había respetado algún tratado, había atacado a un reino amigo o realizado cualquier acción contraria a los intereses de Egipto.

Pero tras esta acción no se atacaba directamente, sino que Egipto avisaba al enemigo de su error para que rectificase. Por tanto, de esta forma el conflicto bélico siempre era causado por el enemigo que, no solo había cometido algún acto reprobable, sino que además se había negado a corregirlo.

El ejército en el antiguo Egipto

La composición del ejército egipcio es mal conocida durante el Reino Antiguo y Medio, épocas en la que los soldados eran reclutados periódicamente y no existía un ejército profesional.

Esto era así porque las campañas y las necesidades militares egipcias no eran muy importantes, aunque es probable que existiese una guardia real. prueba de ello es que los títulos militares eran ostentados por personas que también desempeñaban cargos civiles.

No fue hasta el reino Nuevo cuando se creó una administración militar independiente a cuyo frente se encontraba el “Gran inspector del ejército”.

Con la fragmentación surgida durante el Primer Período Intermedio, los poderes provinciales (Nomos) surgidos sí que recurrieron al reclutamiento de soldados. Los nomarcas asumieron la defensa de sus territorios y comenzaron a adoptar diversos signos y expresiones que después sería adoptadas por el propio rey.

Durante el Reino Medio se establecieron diversas fortalezas en Nubia que obligaron a disponer de tropas permanentes, en lo que suponen los primeros pasos hacia la creación de un ejército profesional. del Reino medio son los conocidos como “despachos de Semma”, en los que se describe la vida del soldado y sus actividades.

Fue en el Reino Nuevo, con la aparición de lo que se podría denominar un verdadero imperio, cuando fue necesario disponer de un ejército mucho más numeroso y que estuviera disponible de manera permanente. El ejército se profesionalizó, a la vez que admitió en sus filas a poblaciones marginales que veían en el mismo una salida a su difícil situación económica y social.

La formación de los soldados y el armamento

Respecto a la formación de los soldados, las bases de su entrenamiento eran la instrucción con el arco, el aprendizaje del manejo del caballo y el combate cuerpo a cuerpo.

El armamento era un tanto rudimentario y constaba de un hacha de guerra que ya era conocida en época predinástica, el arco, la jabalina y la cabeza de maza. En cuanto al armamento defensivo este se limitaba a un escudo.

Durante el reino Nuevo, el carro de guerra fue el principal avance en tecnología militar. Generalmente se considera que fue introducido por los hicsos, aunque al igual que el carro homérico, se trataba de un vehículo para el transporte más que para el enfrentamiento.

En contra de lo que pudiera parecer, la actividad del soldado era menospreciada en muchas fuentes.

La logística del ejército

La unidad militar básica era el pelotón de 50 hombres a cuyo mando estaba un comandante. A su vez, 5 pelotones formaban una compañía y 20 compañías una división. Sabemos que en la batalla de Qadesh intervinieron 4 compañías, todas ellas bajo la protección y guía de una divinidad.

Los textos también mencionan que los carros formaban grupos de 5 unidades que, a su vez, se agrupaban en conjuntos de 50, formando un total de 50 carros.

Alrededor del ejército egipcio se movía toda una infraestructura compuesta por cocineros, médicos, barberos, artesanos, escribas, sirvientes, etc. En definitiva. Toda la intendencia necesaria para la tropa.

El desplazamiento de los soldados era fundamental. Se producía a principios de verano, coincidiendo con la crecida del Nilo, y se llegaba al Levante en septiembre, cuando ya se había recogido la cosecha en aquellos territorios. Es por ello que una de las obligaciones de los súbditos egipcios era que ciertas cantidades del grano debían dedicarlas a proveer al ejército.

Los Consejos Militares

En el reino Nuevo aparecieron por primera vez los Consejos Militares, en los que se tomaban las decisiones previas a la batalla. Conocemos bien el desarrollo de 3 de ellos:

  • El Consejo Militar de Kamose.
  • El Consejo de Tutmosis III.
  • El Consejo de Ramsés II previo a la batalla de Qadesh, en el que el rey planteó sus objetivos y el ejército se puso a sus planes, aunque, según las fuentes, finalmente el rey fue aconsejado por la divinidad.

Los Consejos de guerra debieron ser relativamente frecuentes. A través de los mismos se trasmitía la ideología real, pues el rey es presentado como el salvador y vencedor ante la cobardía del resto.

Las reglas y el desarrollo de la guerra

El desarrollo de las acciones militares lo conocemos gracias a los diarios de los escribas militares que acompañaban al faraón en sus campañas y que después servían para la redacción de los grandes anales e inscripciones que se grababan en los templos.

Debemos tener en cuenta que en el Próximo Oriente la guerra tenía unas reglas que debían cumplirse, pues marcaba qué pueblos actuaban dentro del orden y cuáles actuaban fuera del mismo y, por tanto, vivían en el caos.

Así, el ataque nocturno estaba mal considerado, al igual que el ataque por sorpresa. Y es que el día de la batalla debía ser acordada previamente entre los combatientes.

El ejército que se defendía elegía el lugar de la batalla, que siempre tenía a sus espaldas una vía de escape o refugio por si era derrotado en el enfrentamiento. Así sucedió en la batalla de Megiddo de Tutmosis III.

Dichas reglas respondían a una concepción noble de la guerra, pues, al fin y al cabo, en todas las sociedades la guerra se ha considerado un arte. Aquellos pueblos que no respetaban estas normas eran considerados bárbaros, habitantes del caos y poblaciones peligrosas.

Ligados a la guerra estarían los intentos de conocer cuales eran los planes del enemigo. De este modo, en el Bronce Reciente se desarrollaron los planes de espionaje, una función que en muchas ocasiones realizaban los embajadores.

Los embajadores también desempeñaron un papel muy importante en el establecimiento de alianzas y tratados internacionales, una de las características del Bronce Reciente, cuando se produjeron las primeras manifestaciones del derecho internacional.

El regreso de un ejército victorioso solía ir acompañado de desfiles y ceremonias que terminaban con la entrada triunfal en los templos para ofrecer a los dioses lo conseguido, principalmente prisioneros y botín.

En cuanto a los prisioneros, Egipto nunca llevó a cabo deportaciones de poblaciones al completo como sí sucedió con otras potencias orientales como Asiria.

Respecto al botín, no existieron unas reglas claras sobre cómo debía repartirse, aunque se sabe que el rey podía recompensar con una parte de él a algunos de sus más altos dignatarios que destacasen en el cambo de batalla.

Fortalezas en el antiguo Egipto

En estrecha relación con las labores militares estaba la construcción de fortalezas. Aunque representaciones que nos indican que durante el Predinástico ya existían murallas rectangulares y circulares, no sería hasta el reino medio cuando las fortalezas se hicieron frecuentes.

La necesidad de fortalezas refuerzan la idea de que las fronteras naturales no eran suficientes para proteger a Egipto de sus enemigos.

En un primer momento, la función de las fortalezas habría sido la de centro desde el que organizar expediciones en busca de productos exóticos, aunque también tendrían un importante carácter propagandístico.

Una de las primeras fortalezas que construyeron los egipcios fue la de Buhen en la Baja Nubia.

El tamaño de las fortalezas y sus defensas en Nubia es desproporcionado si lo comparamos con el peligro que supondrían las poblaciones locales, lo que indica que egipto no conocía con exactitud la situación de la región.

Por otra parte, la protección del delta oriental del Nilo fue una de las principales preocupaciones de Egipto, de ahí que Amenenhat I construyese en la zona toda una serie de fortalezas conocidas con el nombre de “Muros del Príncipe”.

La vida en las mismas no debió ser muy estimulante y, desde ellas, se realizarían labores de reconocimiento y protección de los caminos y rutas de la zona, incluso es posible que en ellas se realizasen actividades comerciales, pues todas ellas disponían de graneros con una capacidad mucho mayor que la necesaria para alimentar a su población.

Bibliografía sobre la guerra en Egipto

  • CÓRDOBA ZOILO, J. et alii. (eds), (2003), La guerra en Oriente Próximo y Egipto: evidencias, historia y tendencias en la investigación, Madrid.
  • LIVERANI, M. (2003), Relaciones internacionales en el Próximo Oriente antiguo, 1600-1100 a. C., Barcelona.

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