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Sellos cilíndricos

sello cilíndrico sumerio

Los sellos cilíndricos durante el Dinástico Arcaico

A comienzos del Dinástico Arcaico los sellos eran realizados en diferentes piedras y en la superficie aparecían formas vegetales y geométricas. Un poco más tarde, en la zona del Diyala, los sellos presentaban la superficie completamente esculpida con animales, rosetas, bandas o arcos. Un horror vacui que buscaba más la decoración que contar una historia.

A partir del Dinástico Arcaico II (2775-2600 a. C.) vuelven a aparecer las escenas de lucha de las que ya había algún ejemplo en el período inmediatamente anterior a los sumerios. En varios cilindro-sellos procedentes de Ur vemos a leones , dispuestos simétricamente, atacando a otros animales, y en otros incluso aparece un hombre con cabeza de toro. Ahora aparecen por primera vez escenas de humanos dominando a leones.

En las composiciones cada vez se busca más la plasticidad y la cohesión temática, originándose multitud de escenas y motivos.

Por último, en los sellos del Dinástico Arcaico III (2600-2334 a. C.) se aprecia un mayor cuidado y del tratamiento de las escenas representadas, y eso a pesar de que es habitual el amontonamiento de figuras, en ocasiones incluso repetidas. Las representaciones de animales se modelan con mucho cuidado.

Al final del período las figuras se fueron alargando, originando entrecruzamientos, lineales y compositivos, lo que actuó en detrimento de la armonía general del sello. Especial interés tienen las escenas de banquetes, de cuya temática nos han llegado varios ejemplares procedentes de Shurrupak, Lagash, Ur, Khafadje, etc. Quizás el mejor ejemplo de banquete en un sello es el representado en el cilidro-sello de lapislázuli de la reina Puabi.

Los sellos cilíndricos en la III Dinastía de Ur

Los sellos cilíndricos neosumerios fueron tallados en distintas clases de piedras (diorita, serpentina, lapislázuli, o hematites) y presentan una temática muy variada, aunque la escena preferida es la de presentación de un adorador que es conducido por una diosa ante una divinidad que generalmente aparece sentada. En muchas ocasiones el adorador es conducido ante el símbolo del creciente lunar, en clara alusión al dios Sin.

A comienzos de la III Dinastía de Ur predominarán los temas animalísticos y de la vida cotidiana con un tratamiento algo descuidado, aunque con el tiempo alcanzarán una categoría artística sorprendente. También está documentados los sellos cilíndricos con personajes solitarios, por lo común un dios o una diosa, junto a un texto que ocupa toda la superficie del sello; animales fantásticos; escenas de sacrificios rituales de animales y de héroes que vencen a enemigos.

Al final del período, la inestabilidad política también se reflejó en el arte de la glíptica, con sellos cilíndricos de dimensiones más reducidas y un labrado más superficial y tosco, con temas más tradicionales, sobre todo de héroes derrotando a fieras. También muchos sellos son reaprovechados, borrándose las inscripciones anteriores y grabándose otras nuevas.

Fuentes y referencias:

  • LARA PEINADO, F. (1999), El arte de Mesopotamia, Historia 16, Madrid.